Nury González


Nury González participó recientemente en la 11va Bienal de La Habana 2012 con dos obras constituidas por espejos y textos, que incorporan al espectador interpelando su propia imagen. En la exposición “Sobre la Historia Natural de la Destrucción” del 2011 incorporó a su obra el video y la fotografía digital en movimiento. En la Trienal “El Terremoto de Chile” del 2009, sorprendió con 45 veladores prestados, cada uno con una lámpara encendida. A pesar de haber iniciado su trayectoria en los ’80s, obras como éstas refuerzan el vínculo que se ha establecido entre ella y la generación de artistas conceptuales chilenos de los ’70s.

Inició sus estudios en el Instituto de Arte Contemporáneo de Santiago, para luego completar su formación en la Facultad de Artes de la Universidad de Chile, donde hoy es Profesora Titular. Sus exploraciones artísticas han estado determinadas por la consciencia histórica y las problemáticas propias del arte y de nuestro país, siempre con un cuidado trabajo manual y una puesta en escena de su historia familiar: la historia de unos migrantes españoles avecindados en Chile.

Su trayectoria artística está marcada por las becas que le han otorgado instituciones como la Fundación Rockefeller y la Fundación Guggenheim. Ha sido beneficiada en seis oportunidades por el Fondo Nacional de Desarrollo Cultural y las Artes (FONDART) como ejecutora principal, y otras tantas como co-ejecutora. Sus obras se encuentran en colecciones públicas y privadas, como The Blanton Museum, Texas, el Museo de Artes Visuales (MAVI) y la Galería Gabriela Mistral.

Como directora del Museo de Arte Popular Americano (MAPA), Nury González ha trabajado arduamente en la puesta en valor de objetos artesanales latinoamericanos que dan cuenta de oficios y sistemas de vida ya obsoletos. Ha fortalecido la colección del museo, potenciando su exhibición y generando investigaciones, y ha puesto en tensión las piezas históricas con distintas manifestaciones de arte contemporáneo.

En sus primeras obras comenzó desplazando el grabado hacia otras superficies, realizando impresiones de textos de “Historia del Nuevo Mundo”, para luego incorporar procedimientos domésticos, propios de las labores femeninas.

Su obra “Casa de campo”, con un texto de José Donoso bordado a punto cruz sobre una esterilla, marcó un hito en su producción artística en torno a lo textil. A partir de entonces ha trabajado con telas, bordados, costuras, hilos, agujas, hilachas, trapos destejidos, guaipe y fieltro.

Entendiendo el tejido como trama y escritura, Nury González ha trabajado el cruce de materiales y la impertinencia de los procedimientos, llegando a clasificar las madejas de hilo como gamas cromáticas y a realizar escrituras ininteligibles con agujas sobre tela, problematizando así la complejidad del trabajo manual, y el tiempo de dedicación que requiere. Sin abandonar las nociones de matriz, repetición y serialidad propias del grabado, ha ido trasladando técnicas y asimilando en las obras sus preocupaciones por las manifestaciones del llamado “arte popular”, los orígenes culturales y sus aprensiones en torno a la historia y al cuerpo que ya no está.

Bajo esta lógica compró en Temuco tres mantos mapuches antiguos y estropeados, los que bordó con hilo blanco para delimitar las heridas del tejido, poniendo en evidencia lo que ella llama “la memoria de la tela”, para luego exponerlos en Santiago durante el 2011.

En la obra que desarrolla por estos días, Nury González manifiesta sus preocupaciones por la historia reciente, recapitulando sus distintas estrategias de intervención del tejido. Retoma los procedimientos del grabado para serigrafiar imágenes de cruces de fronteras sobre fieltros industriales, nos presenta una serie de telas deshilachadas y zurcidas, escribe una serie de textos en fieltros de gran formato manufacturados con vellón de oveja, y fabrica una serie de fieltros con una sola letra por pieza. De este modo, Nury González nos presenta una delicada trama narrativa que busca enredarse con el hilo de nuestra historia.


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